martes, 21 de marzo de 2017

Sobre el carácter de clase y la conciencia según los revisionistas coreanos; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

El líder del revisionismo rumano Nicolae Ceaușescu junto al líder del revisionismo coreano Kim Il Sung

«
De acuerdo con los revisionistas coreanos, el origen de clase no influye para nada en la determinación de las ideas de aquellas personas, pero es que además de tal afirmación, no consideran que los ideales de lucha por el socialismo y el comunismo sean los únicos válidos para aglutinar a las masas populares, ¿Cuál es entonces? ¡entonando un discurso sacado de cualquier demócrata burgués y pequeño burgués, se alude al patriotismo!:

«Para distinguir a sus integrantes de los que no lo son se debe tener en cuenta su situación socio-clasista, pero no hay que absolutizarla. La ideología y acción del hombre no sólo son susceptibles de la influencia de esta situación. Si recibe influencias revolucionarias y asimila ideas avanzadas, puede servir a las masas populares, independientemente de su situación socio-clasista. La principal pauta para distinguir a los miembros de las masas populares no es su origen socio-clasista, sino su ideología. La ideología socialista y comunista no es la única que sirve de fundamento ideológico para aglutinar a las personas de todos los sectores y clases en masas populares. Cualquiera que ame al país y el pueblo puede servir a éste y, por consiguiente, ser integrante de las masas populares. Partiendo de esta posición, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, impulsó con éxito el proceso revolucionario y constructivo agrupando en sus distintas etapas a todas las personas que tenían la idea de servir a la Patria, al pueblo y a la nación, en una sólida fuerza revolucionaria. Nuestro partido confía en los integrantes de todas las clases y sectores que tienen interés en la revolución, considerándolos acompañantes no temporales sino eternos de la revolución, y los guía por el camino del socialismo y el comunismo». (Kim Jong Il; El socialismo es una ciencia, 1994)

Desmontemos esta barbaridad revisionista con paciencia.

Primero, el origen de clase y posición en la producción, claro que no siempre determinante, pero si en una gran mayoría de ocasiones, sino no sería más que casualidad que los campesinos –nos referimos en concreto a los que explotan la tierra individualmente– guarden más prejuicios pequeño burgueses de vacilación y doble faz como del aventurerismo al desánimo repentino o de costumbres religiosas que la clase obrera, también es normal que los elementos de la intelectualidad –como capa social que se forma a partir de varias clases sociales y por su posición en la sociedad–, guarde más defectos como el burocratismo, liberalismo, altanería o vanidad que la clase obrera. De hecho este origen de clase se palpa incluso entre la propia clase obrera y sus capas:

«Me refiero, en segundo lugar, a la heterogeneidad de la clase obrera, a la existencia de diversas capas dentro de la clase obrera. A mi modo de ver, el proletariado, como clase, podría ser dividido en tres capas. Una capa la compone la masa fundamental del proletariado, su núcleo, su parte permanente; es la masa de proletarios «puros», que rompió hace ya mucho los lazos con la clase de los capitalistas. Esta capa del proletariado es el apoyo más seguro del marxismo. La segunda capa la componen gentes salidas hace poco de clases no proletarias, de los campesinos, de las filas pequeñoburguesas, de los intelectuales. Esas gentes proceden de otras clases, hace poco que han pasado a formar parte del proletariado y llevan a la clase obrera sus hábitos, sus costumbres, sus vacilaciones, sus titubeos. Esta capa ofrece el terreno más propicio para el surgimiento de grupos anarquistas, semianarquistas y «ultraizquierdistas» de toda índole. Finalmente, la tercera capa la compone la aristocracia obrera, la élite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de «hacer carrera». Esta capa ofrece el terreno más propicio para los reformistas y oportunistas declarados». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido: Informe en el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

Segundo, el concepto de que para ser parte del «pueblo» tan sólo debes de ser patriota, es rebajar el concepto de pueblo –término ambiguo, que sólo serviría desde la base de que todas las clases sociales trabajadoras se van paulatinamente proletarizando hasta borrar sus diferencias de clase– hacia concepciones burguesas y nacionalistas. Los clásicos del marxismo-leninismo hace tiempo que nos dieron magníficas lecciones sobre los verdaderos peligros de estas desviaciones nacionalistas, e históricamente vimos que el nacionalismo era tan sólo el síntoma, el preludio de renuncia a toda política proletaria e inicio de una próxima contrarrevolución en esos partidos.

Cualquier cita de los marxista-leninistas de los años 40 y 50 en su lucha contra las tendencias nacionalistas-derechistas de los revisionistas, nos sirve para ver los paralelismos entre esos revisionistas de fuerte inspiración nacionalista-burgués de las democracias populares de Europa del Este y los revisionistas de Corea del Norte:

«En su razonamiento, el camarada Gomułka está influenciado por un particularismo nacional, por un espíritu nacional que le limita, que le estrecha el horizonte político y no le permite ver el estrecho lazo que existe en la época actual entre las aspiraciones nacionales y las aspiraciones internacionales; por ello ha acabado en conclusiones políticas falsas y muy perjudiciales en la práctica. De ahí la tendencia, en su valoración del movimiento de la clase obrera polaca, a separar la lucha por la independencia de la lucha del proletariado; de ahí la interpretación errónea de la naturaleza de la democracia popular, y de las transformaciones que se producen y deben producirse en su seno, de ahí también el deslizamiento a posiciones que justifican un «equilibrio» entre la democracia liberal burguesa y la democracia socialista». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

¿Qué nos encontramos aquí? Una situación en que el sujeto revisionista piensa y desliga la lucha por la independencia nacional de la lucha por el proletariado e intenta crear un Estado intermedio entre la democracia burguesa y la democracia proletaria. En Władysław Gomułka nos encontramos la teoría de Kim Il Sung de que es más importante, de que la nueva era consiste en «la época de la independencia, nueva época de la historia» que prima más que la revolución socialista en sí, desligando que esta independencia solo es posible bajo el poder del proletariado y tras la construcción del socialismo, como piensan los marxistas. Por otro lado, también vemos en Władysław Gomułka la teoría de Kim Il Sung de que la «democracia progresista» con explotados y explotadores puede ser un Estado intermedio entre la democracia burguesa y la democracia proletaria, recordemos: «la democracia a la que nosotros aspiramos es fundamentalmente diferente de la de los países capitalistas del Oeste, ni es una copia servil de la de un país socialista. La nuestra es un nuevo tipo de democracia que se ajusta a la realidad de Corea», sabiendo los marxistas que esto no existe mientras las clases explotadoras mantengan su poder político, económico y cultural». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer


«En general, esta actitud reaccionaria y discriminatoria hacia la mujer va acompañada de la prédica en todo momento y lugar de que la mujer fue creada por Dios para obedecer, obedecer al marido, obedecer sumisamente al patrón, obedecer a la autoridad. Contra esta actitud oscurantista con relación a la mujer, Lenin dijo: 

«Esta exclusividad, tendente a confinar a la mujer en su casa, la priva de ver más allá de su hogar, de participar activamente en la producción social y en los asuntos políticos, de los cuales dependen al fin y al cabo su felicidad y la de sus hijos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) 

Y Engels por su parte señaló que: 

«La emancipación de la mujer exige, como primera condición la incorporación de todo el sexo femenino en el trabajo productivo social». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

Dada la importancia del problema de la mujer en nuestro país y la urgente necesidad de que ésta, que en la sociedad española constituye aproximadamente la mitad de la población, se incorpore más ampliamente a la lucha contra la dictadura y por su propia emancipación, así como que los mismos militantes adopten una actitud correcta y revolucionaria frente a este problema, creemos importante recordar algunas cuestiones históricas que nos permitan abordar el problema de la mujer sobre la base de los principios de la lucha de clases y de la lucha por el socialismo.

Corresponde a Engels el incomparable mérito de haber descubierto y analizado sobre la base de datos aún escasos en su época, el verdadero origen de la opresión que la mujer sufre desde hace miles de años. En vez de las consideraciones tradicionales y superficiales sobre la mujer, su psicología particular, sus debilidades o cualidades, que normalmente se utilizan para justificar su opresión, Engels ha dado una explicación económica que es la única que nos permite estudiar de manera racional todos los problemas relativos a la opresión de la mujer, a su posición inferior en la sociedad y a su liberación. Fue también Engels quien indicó con gran claridad la relación que existe entre la condición de la mujer y la aparición de las clases, motivada por el desarrollo de la propiedad privada. A este respecto Engels dice: 

«La primera oposición de clase que se manifiesta en la historia, coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio conyugal, y la primera opresión de clase, con la opresión del sexo femenino por el sexo masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

En efecto, puede hoy afirmarse que la familia conyugal ha nacido de las contradicciones económicas que aparecen en el momento en que el trabajo se ha hecho más productivo, es decir, ésta ha nacido de la propiedad privada y se ha consolidado con ella, al mismo tiempo que se precisaban en toda la sociedad los antagonismos de clase. Por consiguiente los conflictos y las luchas que se desarrollan en el seno de la sociedad han de reflejarse, y de hecho se reflejan, en la oposición existente inicialmente entre los hombres y las mujeres en el seno del matrimonio conyugal. La noción de la inferioridad de la mujer se explica fundamentalmente por el hecho de que desde el momento en que los hombres obtienen su supremacía, han impuesto la idea de que las mujeres son de una naturaleza distinta, que poseen por naturaleza caracteres distintos y que sus capacidades son normalmente inferiores. A este respecto no podemos dejar de señalar el papel determinante que en la era cristiana ha jugado la «Santa Madre Iglesia», cuyos fundadores sostenían incluso la idea de que la mujer era un ser intermedio entre el hombre y el animal, un ser impuro e inferior en todos los órdenes.

Todas las clases opresoras tratan de justificar su opresión imponiendo la idea de que el ser oprimido es inferior. Así tenemos el caso de la política racista que trata de justificar la inferioridad de los pueblos de color, para mejor asegurarse su explotación y opresión. Otro tanto ocurre con la mujer utilizada hoy por el capitalismo como mano de obra barata y como reserva en la producción. Ahora bien, como la clase dominante, en este caso la burguesía capitalista e imperialista, es la clase que impone su ideología al conjunto de la sociedad, la noción de la inferioridad de la mujer también existe entre la clase obrera, e incluso entre no pocas mujeres.

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer y rechazamos de plano toda idea de discriminación hacia la mujer y de considerarla como un ser inferior. Afirmamos a este respecto:

1. Que la subordinación de la mujer no se basa en una inferioridad congénita, sino que es la consecuencia histórica de un hecho económico, es decir, del desarrollo de la productividad del trabajo y el acaparamiento por los hombres de las principales riquezas creadas por esta productividad acrecentada.

2. Que el desarrollo de la propiedad privada monopolizada por los hombres, ha hecho posible el reforzamiento hasta el extremo de la autoridad del marido en la familia y ha convertido a la mujer prácticamente en una esclava doméstica, totalmente sometida a los deseos y a la voluntad del marido.

3. Que dada la estructura familiar basada en la transmisión de la propiedad privada, no existe esperanza alguna bajo el régimen capitalista de que la mujer se libere totalmente, ya que los hombres de las clases dirigentes tienen sus intereses de clase ligados a esa estructura familiar.

4. Que la degradación de la familia actualmente, ha comenzado con el desarrollo de la gran industria que ha arrancado a la mujer de la servidumbre doméstica para imponerla otras nuevas.

5. Que la incorporación de la mujer a determinadas actividades y funciones reservadas hasta el presente a los hombres, anuncia su eventual independencia económica y ya en algunos países les ha permitido cierto grado de igualdad jurídica con los hombres.

6. Que el modo cómo las mujeres desempeñan las funciones sociales y profesionales demuestra que sus capacidades intelectuales, su poder de decisión y su espíritu de organización, no son en modo alguno inferiores a los hombres. En España, al igual que en otros países capitalistas, la mujer trabajadora sólo se verá liberada de su condición de ser inferior y de su doble opresión explotación y opresión del hombre, con la implantación de un régimen socialista. Denunciando la actitud de engaño de la burguesía hacia la mujer, Lenin señaló en el año 1919 que: 

«La democracia burguesa es la democracia de las frases pomposas, de la palabrería solemne, de las promesas rimbombantes, de las consignas grandilocuentes de la libertad e igualdad, pero en la práctica todo eso oculta la falta de libertad y la desigualdad de la mujer, la falta de libertad y la desigualdad de los trabajadores y de los explotados». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; El Poder Soviético y la situación de la mujer, 6 de noviembre de 1919)

Y al mismo tiempo, Lenin señalaba todo cuanto un régimen socialista hace por la liberación real de la mujer: 

«Observad la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas más avanzadas, se ha hecho en este aspecto en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro Poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la desigualdad de la mujer, que oponían obstáculos al divorcio y que exigían para él requisitos odiosos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) (Elena Ódena; La mujer española y la lucha contra la dictadura franquista, 1967)

lunes, 20 de marzo de 2017

La lucha de los bolcheviques contra el terrorismo individual de los populistas


«El camino que los populistas habían elegido para luchar contra el zarismo, el camino de los asesinatos individuales, el camino del terror individual, era falso y perjudicial para la revolución. La política del terror individual respondía a la falsa teoría populista de los «héroes» activos y la «multitud» pasiva, que aguarda las hazañas de los «héroes». Esta falsa teoría preconizaba que sólo unos cuantos individuos destacados hacen la historia y que la masa, el pueblo, la clase, la «multitud», como la llamaban despectivamente los escritores populistas, es incapaz de realizar acciones conscientes y organizadas y no puede hacer más que seguir ciegamente a los «héroes». Por eso, los populistas renunciaron a realizar un trabajo revolucionario de masa entre los campesinos y la clase obrera, y emprendieron el camino del terror individual. Los populistas obligaron a uno de los mejores revolucionarios de aquel tiempo, Stepán Jalturin, a abandonar su labor de organización de una Liga obrera revolucionaria para entregarse por entero al terrorismo.

Los populistas desviaban la atención de los trabajadores de la lucha contra la clase opresora con el asesinato, inútil para la revolución, de unos cuantos representantes individuales de dicha clase. Con esto, frenaban el desarrollo de la iniciativa y las actividades revolucionarias de la clase obrera y de los campesinos.

Impedían a la clase obrera comprender su papel dirigente en la revolución y entorpecían la creación de un partido de la clase obrera independiente.

Aunque la organización clandestina de los populistas fue destruida por el gobierno del zar, las ideas del populismo se mantuvieron todavía durante mucho tiempo entre los intelectuales de tendencias revolucionarias. Los restos del populismo oponían una resistencia tenaz a la difusión del marxismo en Rusia y entorpecían la organización de la clase obrera.

He aquí por qué, en Rusia, el marxismo sólo podía desarrollarse y fortalecerse luchando contra el populismo.

El grupo «Emancipación del Trabajo» desplegó la lucha contra las falsas ideas de los populistas, señalando el daño que esta doctrina y sus métodos de lucha causaban al movimiento obrero.

En sus trabajos dirigidos contra los populistas, Plejanov puso de manifiesto que sus doctrinas no guardaban la menor relación con el socialismo científico, aunque sus portavoces se llamasen también socialistas.

Plejanov fue el primero que hizo una crítica marxista de las falsas ideas del populismo. Al descargar certeros golpes contra las ideas populistas, Plejanov hacía, al mismo tiempo, una brillante defensa de las ideas marxistas. (...) Los populistas profesaban ideas falsas y nocivas en cuanto a la marcha de la historia humana en general. No conocían ni comprendían las leyes que rigen el desarrollo económico y político de la sociedad. Eran, en este respecto, gente completamente atrasada. Según ellos, la historia no la hacen las clases ni la lucha de clases, sino unas cuantas personalidades ilustres, los «héroes», detrás de los cuales marchan a ciegas las masas, las «multitudes», el pueblo, las clases». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

martes, 14 de marzo de 2017

¿Por qué no puede considerarse al «Che» Guevara como marxista-leninista? He aquí las razones; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Guevara y Tito durante la visita del primero a Yugoslavia

«El presente documento servirá para responder a uno de tantos grandes mitos del siglo XX: el guevarismo.

Algunos revolucionarios, influidos por la propia propaganda que algunos sectores desesperados del castrismo inoculan en el pueblo cubano y al exterior, proclaman que lo que necesita Cuba es «una vuelta a los postulados guevaristas» para encauzar la vía al socialismo  algo para lo que la dirección ni está ni se la espera. Falso, el guevarismo, no es sino una variante de tantas que ha parido el revisionismo cubano, el cual mezcló las ideas posibilistas de Browder, los postulados nacionalistas de José Martí, las ideas mencheviques de Trotski. Mismamente, en lo referente a la economía política, pese a tener postulados más acertados que el castrismo como el énfasis en la industria pesada, el guevarismo no deja de albergar un fuerte voluntarismo y practicismo que lo aparta sensiblemente del materialismo; subordinando la transformación de la estructura económica a la transformación de la superestructura y no al contrario. Esto no resulta un secreto para todo aquel que conozca la teoría militar guevarista del «foquismo», donde Guevara confesaba poder pasar por encima de las condiciones materiales, crearlas artificialmente.

Visto desde una óptica global, la línea política de los dirigentes cubanos en el siglo XXI y sus últimas reformas son lo suficientemente desvergonzadas que pueden ser aprovechadas para que todo el mundo desenmascare el carácter de este gobierno sin demasiado esfuerzo. Esto sirve para que los revolucionarios del mundo no guarden ni un ápice de piedad frente al mito cubano que se hizo fuerte entre la «izquierda» latinoamericana y europea, para que leyendo las resoluciones de sus congresos la repulsa aumente y tomen una prudente distancia de las tesis y concepciones del  castro-guevarismo, al menos hasta comprender y condenar finalmente sus lineamientos como lo que son: prácticas antimarxistas.

Si el pueblo cubano desea acabar con su falta de libertades y derechos político-económicos, si desea dar fin a los abusos de las clases explotadoras, si anhela una economía que mire por el bienestar de los trabajadores y aumente su nivel de vida, si quiere hacer plena una política en la que tomen partida de verdad su gente, si desea una patria verdaderamente independiente del imperialismo, un país afín a una cultura proletaria alejada de un modo de vida y de corrientes artísticas decadentes; es decir, si se desea establecer un verdadero socialismo, debe alejarse de lo que ha sido históricamente el castro-guevarismo y otras corrientes revisionistas. Deberá asimilar y luchar por aplicar el marxismo-leninismo, algo que obviamente no podrá hacer a través del podrido Partido «Comunista» de Cuba, donde dentro de sus corrientes internas –castristas, guevaristas, trotskistas, socialdemócratas, maoístas, socialistas del siglo XXI, etc.– no permiten tal cosa. En consecuencia, su deber es crear una organización propia que le permita llevar una política de clase independiente a la del gobierno revisionista-burgués, porque ningún revolucionario cuerdo esperará que los oportunistas permitan a los revolucionarios establecer su línea ideológica. Los vividores y arribistas no tienen como costumbre abandonar sus privilegios, hay que arrancárselos por la fuerza.

Pasemos sin más dilación a desglosar las partes fundamentales del guevarismo.

I
La teoría militar del foco

Comencemos con el foquismo, que es una de las teorías estrellas del guevarismo. Sin duda, muchos grupos han aceptado que la teoría y práctica militar de Guevara como modelo a imitar, pero lejos de conocer sus rasgos, han hecho un seguidismo ciego de un mito. ¿Qué es el foquismo desde el punto de vista marxista? La concepción militar del aventurerismo armado.

a) La consideración del papel objetivo y subjetivo en la revolución

«Hemos defendido la revolución cubana porque estaba dirigida contra el imperialismo estadounidense. Como marxista-leninistas, detengámonos un momento para analizar esta, revolución y las ideas que la inspiraron. La revolución cubana no se inició sobre la base del marxismo-leninismo ni se desarrolló según las leyes de la revolución proletaria, por las cuales se rige un partido marxista-leninista. Tampoco después de la liberación del país, Fidel Castro se encauzó por el camino marxista-leninista, sino que por el contrario, continuó inspirándose en las ideas liberales. Es un hecho, y nadie puede negarlo, que los integrantes de esta revolución empuñaron las armas y ganaron las montañas, pero también es un hecho incontestable que no lucharon como marxista-leninistas. Eran combatientes libertadores que se levantaron en lucha contra la camarilla de Batista y la vencieron, precisamente porque ésta constituía un eslabón débil del capitalismo. Batista era un dócil lacayo del imperialismo que oprimía al pueblo cubano, y éste se levantó en lucha contra esta camarilla y contra el imperialismo yanqui y los derrotó». (Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 1968)


A los guevaristas que toman el ejemplo del Che en Cuba como «prueba de que el foquismo funciona», habría que recordarles que el Che en 1956 no tenía sistematizadas sus ideas militares que luego algunos llamarían «foquismo», es decir, a sus planteamientos de cómo tomar el poder militarmente. El jefe de la expedición del Movimiento 26 de julio era Castro, que en aquellos años era un abogado liberal anticomunista y favorable a EEUU y sus inversiones en la isla.

jueves, 9 de marzo de 2017

[Bandera Roja] La integración en la democracia burguesa y la remodelación del programa político; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Cartel de Iº Congreso de Bandera Roja en 1990

«Para inicios de los 90 la propia dirección de Bandera Roja (BR) era visiblemente inestable en cuanto a su línea política, entonces ya naufragaba en análisis y términos ajenos al marxismo-leninismo tanto para los acontecimientos internacionales como para los nacionales.

En el ámbito internacional: cuando sucedió la caída del socialismo en Albania, nuevamente Bandera Roja no supo anticipar este fenómeno: no supo ver las graves desviaciones que se manifestaban en la política interior y exterior de Albania bajo la dirección revisionista capitaneada por Ramiz Alia, Adil Çarçani y otros. Este hecho de suma importancia –la degeneración de un partido en el poder–, la no identificación y la no denuncia del proceso, demuestra que Bandera Roja no fue más que otro partido que realizó un simple seguidismo de la obra de Enver Hoxha por moda y sentimentalismo, pero que no comprendía en realidad su obra y doctrina marxista-leninista. Tras la muerte de Enver Hoxha en Bandera Roja hubo un seguidismo ciego a las políticas de Ramiz Alia –como hizo el PCE (marxista-leninista) de España o el PC ML de Colombia–, quien por aquel entonces precisamente estaba destrozando el legado de su predecesor y precipitando al país a la restauración del capitalismo y a una gran crisis política social y económica. La situación en Albania no solo llevó a la restauración del capitalismo sino hasta la propia disolución del partido en el poder y su refundación en un partido socialdemócrata. Hay que señalar que entre otras cosas esto fue posible por la falta de internacionalismo proletario de los pretendidos marxista-leninistas que en su mayoría no se dieron cuenta de este proceso y no ayudaron al pueblo albanés. Cuando este formalismo de disolución del partido comunista en Albania ocurrió, los seguidistas de la política de Ramiz Alia entraron en pánico. Este fue el caso de gran parte de los miembros de Bandera Roja:

«Esto como decimos ocurrió a bastantes partidos marxista-leninistas, que bajo la presión del imperialismo y el derrumbe del bloque revisionista soviético agitaron como nunca la bandera del anticomunismo con lo que se dieron por aludidos y se desesperaron, cuando no tendrían que sentir ninguna pena ni sentirse culpabilidad porque ellos no se identificaban con ese esperpento de teorías y prácticas de un capitalismo disfrazado de socialismo. Por otro lado la crisis y caída de Albania, el último régimen socialista de por entonces, causó un gran desánimo, por el hecho de para algunas personas no tener un país socialista de referencia les hacía sentirse desamparados, creían que la lucha acababa sin esa referencia, lo que les hacía buscar países socialistas donde no los había, una sensación que les ayudaba a sentirse que su lucha no estaba sola, que no había acabado, pero una actitud del todo estúpida, porque el partido, en tanto que marxista-leninista había combatido a tales países por su política capitalista-revisionista, y de hecho los regímenes con los que se acercaron –por mucho que mantuvieran la pose– lejos de corregir sus desviaciones las habían profundizado, lo que iba a causar una pérdida de credibilidad en la organización. Debemos decir que el «campo socialista» existe y existirá mientras existan partidos e individuos que porten las ideas y las luchas del marxismo-leninismo. La causa del socialismo y el comunismo no puede ser enterrada, ni el retroceso y degeneración de un partido o país puede hacer cambiar la actitud irreconciliable de salvaguardia y aplicación de los principios. Esto demuestra que estas actitudes es la consecuencia de que en estos partidos existían personas débiles de espíritu y mente, personas que no pueden estar a la cabeza de una dirección, pues son volubles a los acontecimientos, vacilantes, no fiables». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

Bandera Roja ni mucho menos realizó un análisis de las causas de la caída de Albania ni de la degeneración de la gran mayoría de partidos marxista-leninistas coetáneos de la época con los que había tenido contactos. He aquí una prueba de ello:

«Muchos otros partidos en cambio se sumaron a la denuncia en coro del revisionismo chino por la evidencia de las pruebas históricas y presentes del revisionismo chino, pero negaron en cambio otra evidencia histórica: que el revisionismo chino había penetrado en su propio partido durante años, que muchos de sus miembros habían estado influenciados por sus conceptos y teorías –y eso incluía una denuncia superficial del revisionismo–. A veces no negaban pero si infravaloraban este pasado: con ello se logró que la incompleta incluso a veces falsa «autocrítica» maoísta de estos partidos, y en parte significó un factor que a la postre influenciaría en la degeneración de estos partidos e incluso en su liquidación, ejemplo de esto sería el Partido Comunista de Canadá (Marxista-Leninista) de Hardial Bains, el Partido Comunista de Gran Bretaña (marxista-leninista) de Reg abedul, el Partido Comunista Revolucionario de Gran Bretaña (Marxista-Leninista) de David Williams o el Partido Comunista Brasileño de João Amazonas. (…) Conocidos por su adhesión coyuntural y oportunista a la denuncia del maoísmo mientras se ocultaba y distorsionaba la relación histórica de su partido con el maoísmo. El primero acabaría defendiendo el revisionismo cubano, el segundo acabaría defendiendo al revisionismo soviético, el tercero acabaría reconciliándose con el revisionismo coreano y cubano, el cuarto directamente acabaría incluso reconciliándose con el revisionismo chino». (Equipo de Bitácora (M-L); El maoísmo solapado de Reconstrucción Comunista (RC) es una negación de las luchas y lecciones de los marxista-leninistas, 2016)

Es más, la muestra de que Bandera Roja no esbozó ningún análisis marxista-leninista sobre estas dos cuestiones tan importantes, la prueba de que iba a hacer como si nada hubiera pasado, fue adherirse a la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML), una internacional de partidos fundada en 1994 que reunía a toda la podredumbre oportunista y a la mayor parte de los responsables del debacle de los partidos marxista-leninistas en los años anteriores, los cabecillas que habían aprobado ciegamente la política de Ramiz Alia hasta el último minuto. Incluso entre estos partidos la unión era meramente formal ya que cada partido –como sigue ocurriendo hoy en día– apoya a una u otra corriente pasada o presente del revisionismo moderno:

«La CIPOML es un centro donde reina el formalismo y el liberalismo, hartamente conocido por dedicarse a conferencias, declaraciones conjuntas de sus miembros donde enuncian cuatro cosas sin ahondar demasiado en la cuestión –por miedo a equivocarse teóricamente o perder influencia– y sin la necesidad de aplicar estos principios y tareas que dicen enunciarse –muestra de ello es que cada partido tiene un concepto diferente sobre los mismos temas–, dando la apariencia de que hacen algo significativo, aunque por sus propios documentos se ve claramente que no hacen nada relevante. Igualmente algo que salta a la vista es la poca preparación teórica de los dirigentes de los respectivos partidos donde eluden realizar análisis –o si lo hacen pasan de puntillas– en torno a cuestiones políticas pasadas o presentes, incluyendo cuestiones de la propia historia del movimiento comunista internacional y de sus partidos, dejándonos en la incógnita de su posición sobre algunas cuestiones o de como explican algunos fenómenos importantes, dedicándose más bien a meras declaraciones cortas donde intentan no pillarse los dedos ni disgustar a nadie como decimos, sumado alguna ocasional cita de algún clásico del marxismo-leninismo. (...) El Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela que pese a recitar formalmente varios de los principios marxista-leninistas sufre en cambio una ausencia de trabajo con las masas y alimenta ilusiones sobre el viejo revisionismo soviético y alemán, o como el abiertamente revisionista Partido Comunista de España (marxista-leninista) que sufre de un legalismo y republicanismo burgués, además de un apoyo a revisionismos como el cubano. Es esta una plataforma en la que cualquiera que se diga marxista-leninista y firme un par de declaraciones y que mande mensajes de solidaridad, puede decirse miembro de la misma, no existiendo unidad ideológica ni corroboración del cumplimiento de las demandas ideológicas». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

Por no mencionar ya el deleznable hecho de que en la Conferencia fundacional de Quito de 1994 no se realizó un análisis sobre la caída del socialismo en Albania: ¿y a quién correspondía esta evaluación sino a los pretendidos «marxista-leninistas»? Tampoco se dijo una sola palabra sobre el legado de Enver Hoxha y se pasó en silencio sobre su figura: ¿y quién precisamente ayudó a muchos de estos partidos en sus difíciles inicios? Esto demostraba que el revisionismo es desagradecido. Años después muchos estos partidos intentarían empezar a reivindicar de nuevo a Enver Hoxha de cara a la galería para ganarse la simpatía de los verdaderos marxista-leninistas del mundo. ¡«A buenas horas mangas verdes»! ¡Menudo acto de cinismo!

La mayoría de elementos sin formación, sentimentalistas y arribistas prefirieron –como era normal por su carácter– incorporarse o apoyar este fantoche de desfiles de simbología y fraseología pseudocomunista de la CIPOML, desconociendo o ignorando adrede que los fracasos recientes eran debido precisamente a seguir con el circo de simbología y fraseología sin ningún análisis de la línea ideológica establecida, sin ver si esa línea era compatible con los principios marxista-leninistas que decían defender, y sin reflexionar si los malos resultados recientes y la nula influencia en la población tenían conexión con la línea y en qué momento se desviaron.

En la política nacional Bandera Roja no había sabido aprovecharse para atraer a las masas trabajadoras en una situación de crisis económica y fragilidad gubernamental, de debilidad del sistema del bipartidismo o puntofijismo, de un periodo de protestas, huelgas y manifestaciones, y en definitiva de una gran efervescencia en la agudización de la lucha de clases como fue el Caracazo de 1989.

Después de veinte años de su fundación, Bandera Roja decide realizar un hecho histórico para su partido. ¡¡¡Celebrar el Iº Congreso de Bandera Roja en 1990!!! Esto nos da una idea de hasta qué punto la dirigencia había podido cooptar –colocar a dedo– a los miembros a la dirección sin tener que rendir ningún tipo responsabilidades, ya que no había ningún organismo electivo que decidiera la elección de los miembros. Esto históricamente se ha visto en organizaciones variopintas como es el caso del FSLN en Nicaragua:

«En el caso del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN): debido a su espontaneísmo no celebró una reunión, o un congreso fundacional, ¡pero de hecho tampoco celebró ningún congreso ni durante la época de lucha contra Somoza ni tampoco cuando estuvo en el poder! Su primer congreso llegaría un año después de la pérdida de poder en 1991. Si echamos cuentas, vemos como durante 31 años, desde 1960 a 1991, el FSLN no celebró ni un solo congreso. ¡Y todavía tenían el descaro de decir que se regían por el centralismo democrático! Como vemos, en el FSLN se vio la clásica ausencia de una sana democracia interna y del ejercicio de crítica y autocrítica bolchevique, la extensión de un régimen partidario de cooptaciones en las elecciones en lugar de una elección de todos y cada uno de los miembros de las altas esferas por los miembros del partido en conferencias legales y oficiales. La prolongación «ad infinitum», de un régimen guerrillero de partido dirigido por una camarilla ligada y dependiente de los líderes guerrilleros, la cual no rendía cuentas más que a sí misma, algo que puede ser algunas veces fenómenos temporales o en un periodo de guerra pero imperdonable sobre todo con el partido en el poder gubernamental. Esto redundó en una castración de toda crítica a la dirección y la creación base de un mesianismo propagandístico que alumbraba y defendía las actuaciones de la dirección sin objeción alguna. ¿Estos eran fenómenos de una peculiaridad específica e inherente solo al FSLN y al revisionismo nicaragüense? Como cualquier otra desviación, el FSLN solo repetía el camino ya recorrido por otros revisionismos. Estos fenómenos son algo que pueden ser detectados en todos los revisionismos imaginables». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?; Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio de 2015)

Bandera Roja a inicios de la década también pasa a participar en los dos intentos desesperados de golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, en el de febrero como el de noviembre de 1992, lo que demuestra su incapacidad de convencer a los trabajadores y de plegarse a intentos putschistas tan característicos en América Latina:

«En nuestra opinión, la teoría de que la revolución la hacen unos cuantos «héroes», representa un peligro para el marxismo-leninismo, particularmente para los países de Latinoamérica. En su continente del Sur existen grandes tradiciones revolucionarias, pero, como acabamos de señalar, también hay otras que son revolucionarias en apariencia, pero que en realidad no siguen la verdadera línea de la revolución. ¡Cualquier putsch que se perpetra allí es considerado como una revolución! Pero jamás un putsch puede ser una revolución, porque el lugar de la camarilla derrocada pasa a ocuparlo otra, es decir que todo sigue igual que antes. A los núcleos de las corrientes antimarxistas que existen aún en el seno de los viejos partidos, partidos que se han puesto al servicio de la contrarrevolución, se ha sumado en la actualidad otra corriente a la que calificamos de aventurerismo de izquierda». (Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 21 de octubre de 1968)

Para el lector que no esté familiarizado entre la diferencia entre una revolución y un golpe de Estado, decimos:

La «manía» idealista de poner a la conciencia y la ideología por delante de la estructura económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«¿Cuál es la posición marxista-leninista respecto a la relación entre la estructura y la superestructura?:

«BASE Y SUPERESTRUCTURA. — El modo de producción, es decir, las fuerzas productivas y sus correspondientes relaciones de producción, forman la base –la estructura– económica de la sociedad sobre la que se levanta el sistema de superestructuras: el régimen y las instituciones políticas, así como la conciencia social: moral, ciencia, religión, filosofía, etc. «Según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas». (Stalin). Las superestructuras están vinculadas con la base ya directamente –por ejemplo, las superestructuras políticas–, o por una serie de eslabones intermedios –como las superestructuras ideológicas; la moral, la ciencia, la religión, etc.–. Por surgir de una determinada base económica, las superestructuras adquieren con relación a ella una relativa autonomía. Así, por ejemplo, cada sabio, escritor, artista, al crear sus obras, refleja en ellas las condiciones de su época. Pero toma como punto de partida el material ideológico acumulado por sus predecesores y continúa desarrollándolo, en virtud de lo cual se crea también la sucesión en el desarrollo de la ciencia, del arte, de la filosofía, etc. Con el cambio de la base económica se transforman también, más o menos rápidamente, todas las superestructuras. En la lucha política e ideológica se reflejan las condiciones económicas de la vida social. Pero las superestructuras, determinadas directa o indirectamente por la base económica, no son, como piensan los economistas vulgares, un resultado pasivo de la economía, ni ésta constituye, ni mucho menos, la única fuerza activa en la evolución de la sociedad. Las superestructuras ejercen una influencia sobre la base, aceleran o frenan el desarrollo de la sociedad. Por consiguiente, la superestructura política desempeña en este caso un papel reaccionario activo». (Mark Rosental y Pavel Yudin; Diccionario filosófico marxista, 1946)

¿Los revisionistas coreanos respetan esto? Para nada. Como venimos viendo en las citas de los idealistas norcoreanos, ponen por delante la superestructura a la estructura económica, es decir para ellos prima la ideología a las condiciones materiales económicas. Y si bien son citas de los 80 y 90, no hay duda de que para esgrimir tales absurdeces vuelven a sus raíces maoístas para estructurar sus pseudoargumentos. Esto se ve por ejemplo en la economía de China, cuando los revisionistas chinos no eran capaces de satisfacer los deberes económicos en su sociedad, impuestos por las leyes económicas objetivas, aludían que elevar la conciencia política de las masas era el motor principal en la sociedad socialista, por delante de las cuestiones económicas y sus leyes:

«Este enfoque idealista y metafísico con el papel de la política en la economía alcanza niveles de absurdo inaudito en la historia del revisionismo. Estos errores impulsan a los autores del manual de Shanghái de 1974 para llegar a y apoyar el voluntarismo evidente y poco realista: «Los avances en la ciencia y la tecnología y las innovaciones en herramientas de producción desempeñan un papel importante en el desarrollo de la producción y el aumento de la productividad del trabajo. Pero «el factor decisivo es el hombre, y no las cosas» [Nota del autor: cita de Mao Zedong en su obra «Sobre la guerra prolongada» (1938)]. Las grandes masas de China, lo pusieron así: «No temáis a la falta de máquinas; temed sólo la falta de ambición, teniendo un corazón rojo entre las dos manos, todo se puede producir con autonomía». (ibíd., p. 326-7) El voluntarismo en la economía, que es una interpretación idealista subjetiva de las leyes económicas en general, en el socialismo en particular, sin lugar a dudas lleva a la negación del carácter objetivo de las leyes económicas. En este caso se llega a niveles de absurdo monumental». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2004)

Lo que no entendían o mejor dicho no querían entender para bien de sus intereses, es que sin destruir la base económica capitalista, su estructura, no se podía hablar de derrumbar la superestructura ideológica donde descansaba la moral, la forma de pensar, las costumbres burguesas que heredaba la sociedad, por ello todo intento de hablar de transformar la ideología de las personas sin haber destruido las relaciones de producción capitalistas es un intento vano:

«La superestructura es engendrada por la base; pero eso no significa, en modo alguno, que la superestructura se circunscriba a reflejar la base, que sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a la suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter del régimen. Por el contrario, al nacer, la superestructura se convierte en una fuerza activa inmensa, coadyuva activamente a que su base tome cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la vieja base y las viejas clases. Y no puede ser de otra manera. La superestructura es creada por la base precisamente para que la sirva, para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a afianzarse, para que luche activamente por la destrucción de la base vieja, caduca, y de su antigua superestructura. Basta que la superestructura renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase de la posición de defensa activa de su base a la posición de indiferencia hacia ella, a una posición idéntica ante las distintas clases, para que pierda su calidad y deje de ser superestructura». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y los problemas de la lingüística, 1952)

Este defecto idealista y esquemático, mecanicista y metafísico, sería vuelto a poner en práctica por los norcoreanos:

«En ella la transformación del hombre, la de su ideología, se presenta como la tarea perentoria, más importante que la preparación de las condiciones materiales y económicas, y sólo concediéndole la prioridad es posible reforzar el sujeto de la revolución e incrementar su papel para edificar con éxito el socialismo». (Kim Jong Il; El socialismo es una ciencia, 1994)

También coincide con los errores del revisionista argentino-cubano Ernesto «Che» Guevara:

«El papel de la conciencia y la educación se hace hincapié de forma ubicua por Guevara en sus obras económicas como el factor principal en la transición hacia formas superiores de organización económica. En el sistema de Guevara la economía política de Guevara deja de ser una disciplina independiente, el carácter objetivo de las leyes económicas de la sociedad de transición es secundario a la formación cultural del hombre nuevo. Las leyes económicas del socialismo, como las del capitalismo, existen y evolucionan con el desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones históricas, a veces incluso de forma independiente del nivel de conciencia de las masas. De hecho, en ciertas situaciones históricas, las masas en su conjunto siguen sin ser conscientes de la esencia económica de ambas, de la revolución y contrarrevolución. El papel de la conciencia y la educación, sin duda, juegan un papel fundamental en la construcción de la nueva sociedad. Sin embargo, la economía política sigue siendo una disciplina independiente y el estudio de las leyes objetivas que la rigen a ella sigue siendo un esfuerzo titánico. Sólo el análisis científico y la síntesis de las relaciones de producción pueden hacer posible el desarrollo económico sostenido necesario para la construcción de las sociedades socialistas y comunistas». (Rafael Martínez; Che Guevara y la economía política del socialismo, 2005)

Kim Il Sung y Kim Jong Il, por tanto, imitando a otros históricos revisionistas, no llegaron a estudiar, o estudiaron e ignoraron a propósito la realidad objetiva que Karl Marx y Friedrich Engels nos legaron hace más de un siglo sobre la conciencia, sus fenómenos, su origen, etc.:

«El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». (Karl Marx; Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, 1859)

Otro ejemplo ilustrativo:

«La concepción materialista de la historia parte del principio de que la producción, y, junto con ella, el intercambio de sus productos, constituyen la base de todo el orden social; que en toda sociedad que se presenta en la historia la distribución de los productos y, con ella, la articulación social en clases o estamentos, se orienta por lo que se produce y por cómo se produce, así como por el modo como se intercambia lo producido. Según esto, las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y la justicia eternas, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlas en la filosofía, sino en la economía de las épocas de que se trate». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

De nuevo el albanés Enver Hoxha, en un alarde de una fina compresión del marxismo, basado en los estudios de las obras de Marx y Engels, explica así la predominancia de la economía, sin ignorar por ello otros factores importantes, dando con ello indirectamente un serio correctivo al idealismo y metafísica de los revisionistas chinos, coreanos, y quién se prestara a juzgar las bases de la doctrina marxista-leninista:

«Engels nos aclara que, en último análisis, el factor más importante, el factor decisivo en la historia es la «producción y la reproducción» de la vida real Esto debe ser bien entendido, nos enseña, es decir, la economía es la base, pero no el único factor determinante, ya que existen asimismo otros elementos, como son las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones establecidas por las clases vencedoras, las formas jurídicas, las concepciones religiosas, las diversas teorías políticas, etc. Todo esto influencia con su acción y naturalmente deja huellas. Hay, pues —dice Engels—, acción y reacción de todos estos factores, pero entre ellos resalta, se destaca e influye el factor económico. Este es el factor más importante, el que a fin de cuentas se abre paso entre todos los demás factores. Si se estudia el proceso objetivo del desarrollo de nuestra sociedad se verá con claridad también sobre qué base se ha operado la transformación de la conciencia de nuestras gentes y cómo se han manifestado impetuosamente nuevas ideas, creadas por las nuevas condiciones sociales. Para comprender debidamente este proceso y no permitir conclusiones vulgares, todas las transformaciones que trae consigo el desarrollo de nuestra sociedad deben ser estudiadas de acuerdo con el método dialéctico, desde el momento en que nacen, cuando se desarrollan y progresan, cuando llegan a su caducidad y finalmente se transforman y son reemplazadas por otras nuevas. Pero, como nos enseñan los clásicos del marxismo-leninismo, no puede ser negado el papel de las ideas en el desarrollo social. Engels critica el «materialismo económico»-, que pretende que sólo el desarrollo de las fuerzas económicas tiene importancia. «Esto es materialismo vulgar», dice Engels. Sin embargo, es necesario tener siempre presente que las ideas no desempeñan el papel decisivo y esto Marx lo explica de manera brillante. Las propias ideas son el producto y el reflejo del desarrollo material de la sociedad. Al transformar las condiciones materiales de la sociedad, el hombre crea una nueva conciencia, y en el proceso del desarrollo social produce asimismo nuevos principios e ideas de acuerdo con las situaciones materiales creadas. Son pues los cambios en el desarrollo material de la sociedad los que están en la base, a partir de los que nacen nuevas ideas y se crea una nueva conciencia. Así como el materialismo en general explica la conciencia por el ser y no al hombre por las ideas, también la conciencia social debe ser explicada por el ser social. Nuestro partido, al combatir el peligro del subjetivismo idealista que ignora el papel decisivo del factor económico, valora al mismo tiempo de manera marxista-leninista el grande y activo papel de las ideas y de la superestructura en general, y desecha toda manifestación de fatalismo y de sumisión a la espontaneidad. El gran proceso de revolucionarización de toda la vida de nuestro país para hacer avanzar de forma constante la revolución socialista y para cerrar el paso al peligro del revisionismo y de retroceso al capitalismo, está relacionado en primer lugar y ante todo con la revolucionarización de la superestructura socialista, del partido y del Estado de dictadura del proletariado, de la enseñanza y de la cultura, y principalmente de la conciencia de los trabajadores. Esto es aplicación práctica, concretización y desarrollo de las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre el grande y activo papel del factor subjetivo en la historia». (Enver Hoxha; Estudiemos la teoría marxista-leninista en estrecho enlace con la práctica revolucionaria, 1970) (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

Sobre el llamado «proceso de paz» y la conocida «reconciliación nacional»; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Desde el momento en que las FARC-EP aceptan integrarse en las reglas y juego de la democracia burguesa colombiana, están obligados a aceptar que oficialmente desde la propaganda del gobierno pinte su lucha y la de otros colectivos contra los diferentes gobiernos colombianos como una lucha en que «no hay que buscar culpables» ya que ambos son «bandos iguales» en cuanto a errores, proclamando la manida paz «sin vencedores ni vencidos», al estilo del discurso carrillista sobre la Guerra Civil durante la Transición en España, o al estilo del discurso orteguista-frentista de la Reconciliación Nacional en Nicaragua. Con esto se tapará el carácter de clase de los bandos en estos conflictos, por qué luchaban y las acciones de cada uno de ellos. Sea una revolución anticolonial, antifeudal, socialista, o del tipo que sea, los marxista-leninistas debemos comprender que estos discursos unitaristas que se lanzan y que abogan por olvidar las diferencias de los bandos en pugna, sus reivindicaciones y acciones, solo ayudan a que un bando o ambos se «vayan de rositas» en este conflicto, y se borre en la conciencia colectiva las causas del conflicto y las fechorías cometidas. Esto como decimos se incluye tanto en conflictos burguesía-proletariado como burguesía imperialista-burguesía nacional indígena, etc., hay que poner siempre las cosas en su sitio.